Providencia y la venta de alarmas para los vecinos. El mensaje de la Municipalidad es “quien tiene recursos será atendido”

Oscar Carrasco, ex Subsecretario de Prevención del Delito y experto en seguridad  y convivencia,  vecino de nuestra comuna. Un hombre del sur que ha estado yendo y volviendo entre  La Unión, Valdivia, Temuco y Santiago. Radicado desde hace 10 años en la Región Metropolitana y desde hace cinco en Providencia ya está completamente integrado a la vida del Barrio Vaticano chico. Tanto así que es  dirigente del comité de propietarios de una comunidad que componen 108 familias. Le ha llamado la atención que, a manera de broma y no tanto, algunos le digan que vive en “Providencia Poniente” , la carga de prejuicios que esa expresión trae no le hace ningún chiste y según el más bien releva un problema de mapas mentales discriminadores que vivimos como sociedad y que es muy extendido.

¿Qué tal la vida en el Vaticano Chico?

Nosotros como familia  optamos por este barrio porque se vive en comunidad y convivimos vecinos adultos mayores, familias con hijos e hijas pequeños, juventud; como dirigente soy testigo y como vecino promuevo la resolución de problemas de manera colectiva y la búsqueda de una adecuada convivencia respecto a la apropiación de espacios públicos, uso de los Parques, los jardines, o, ahora último, la crisis existente en torno al reciclaje y la disposición de la basura en nuestra comuna. Nuestra vida cotidiana debe potenciar una adecuada convivencia y mejorar las interacciones del barrio para todos, compramos en los negocios de la esquina, la panadería de 30 metros más allá, las bebidas en la botillería siguiente, antes de la pandemia usábamos las plazas cercanas, se colabora con los vecinos, los niños, niñas y adolescentes pueden asistir a  liceos, colegios y escuelas cercanos, en fin. En el Vaticano Chico se hace una vida de barrio que, como familia, nos gustó mucho y optamos por vivir aquí  y estamos convencidos que la pandemia, la contingencia político – social y la crisis de desafección por las personas e individualidad nos debe llevar a remirar los barrios y valorarles.

¿Vaticano Chico es un barrio que, además tiene su propia identidad patrimonial no?

A mí me gusta mucho la historia. Siempre leí que este sector estaba vinculado a Santiago histórico y debiese ser valorado como Barrio Patrimonial. El Colegio  Compañía de María Seminario y su historia, la Iglesia de los Santos Ángeles Custodios o su Seminario anterior; la Iglesia  de la Providencia, grandes extensiones de terreno ocupadas por instituciones que dan paso, luego, a una ocupación urbana reciente de hace 70 u 80 años. Incluso aquí a unos metros estuvo ubicada desde el Siglo XIX la primera cancha de futbol de Chile, al alero del Seminario Pontificio Mayor y este sector antes de Valparaíso fue cuna del fútbol en Chile.

¿Y  aún hay rasgos del influjo de esas grandes obras e instituciones, que sean evidentes?

Bueno, hay algunos urbanistas y estudiosos que se detienen y relevan esos hallazgos, y destacaría como expresión de esas primeras urbanizaciones la existencia de patios y jardines interiores, incluso algunos de ellos con arboles añosos del tiempo del Seminario. Hay en ellos una evocación a los patios del Seminario, de los antiguos colegios o monasterios. En el patio de nuestra comunidad hay árboles de 90 años, por ejemplo, y que tu los puedes ubicar en fotografías de época del Seminario.La vida de barrio que hoy vivimos se produce en esas áreas verdes, tanto privadas y públicas, que no existirían sino por el legado patrimonial de la antigua Providencia. Estos eran espacios abiertos, la gente circulaba libremente en ellos, pero la “modernidad” y la inseguridad obligó a enrejarlos y comenzar el aislamiento. Este es un gran barrio, tienes todos los servicios cerca e intentamos vivir en comunidad.

Estás muy cómodo, tanto así como para ser dirigente de tu comunidad…

Es que parte de la vida de hacer ciudad, es asumir compromisos colectivos y defender  y  preservar las ventajas de tu entorno e intentar que se extiendan a otros. Antes del estallido social se celebraban los cumpleaños en los parques y plazas del barrio, los niños y las niñas compartían junto a su familia, eso quedó en pausa por una causa mayor como es la igualdad. Los vecinos se apropian del espacio público, esa dinámica, después del estallido social y la pandemia, esa vida de barrio, de convivencia,  se volverá a recuperar y se debe extender y revalorar en otras comunas.

Oscar, tu experiencia en el área de seguridad pública y ciudadana  te hace mirar los territorios desde una perspectiva distinta. ¿Crees que a tu barrio ayuda ese sentido de comunidad para traer mayores sensaciones de seguridad?

Si, justamente la apropiación del espacio público, hacer comunidad, la búsqueda de eficacia colectiva y de una adecuada convivencia; que es el concepto que mueve un enfoque de convivencia en materia de seguridad ciudadana, es parte  de un modelo y una forma  de abordar el habitar espacios comunes y las interacciones que se dan en ellos. Efectivamente este es un barrio donde funcionaría la premisa que a mayor cohesión social mayor seguridad y claro está, es una trabajo y abordaje permanente. Pero en ello importa mucho la conducción pública de los procesos y las estrategias, un enfoque así ha sido abandonado y en otros casos minimizado no sólo en Providencia sino en muchas comunas del país. Lo próximo, lo cotidiano y la integralidad del abordaje de la seguridad y la convivencia debiese ser retomado como política de Estado.

¿Si les preguntáramos a tus vecinos y vecinas si se sienten más o menos inseguros  que creen que responderían?

Yo creo que más inseguros. Y mucho tiene que ver  la contingencia social, ese es un fenómeno nuevo para este entorno. Si hay un sitio cero (Plaza Dignidad) nosotros somos algo así como la zona 0,5. Los primeros meses del estallido la percepción de temor en la gente era alta. Además, lamentablemente, acá hubo intervenciones de las Fuerzas Armadas que fueron desproporcionadas, por decir lo menos.

¿Por ejemplo?

Bueno, hay videos y registros de todo eso. Por decirlo de una forma,  ahora  tengo la experiencia personal  de los abusos que se pueden cometer por instituciones y agentes del Estado que no están preparadas ni  formadas para abordar problemáticas de seguridad interna. Es cierto que hubo problemas con las intervenciones de carabineros y sus elementos disuasivos, o aquellos generados por los propios manifestantes, porque tampoco hay que romantizar las cosas. Pero para nuestro barrio lo más brutal, con toda la fuerza de ese concepto, fue la intervención del Ejército, en especial al inicio de las movilizaciones. Eso fue una dura comprobación que los militares no pueden estar a cargo del orden público.

¿Además de toda la carga histórica de ver militares en las calles?

Y además con completo desconocimiento de procedimientos, hablé con más de alguno en ánimo de parlamentar con ellos y me percaté que no tenían noción alguna de este territorio, las prácticas de convivencia del barrio, en fin. Vecinas que estaban paseando sus mascotas terminaron encañonadas contra el piso, a nosotros mismos contra la pared con un fusil, lo viví yo, no es que me lo hayan contado. Uno pensaba que esas cosas no volverían a pasar en nuestro país pero se revivieron. Esos primeros días, tras el estallido, en este barrio fueron complejos y eso, claramente incide en la sensación de inseguridad que los vecinos pueden tener estos días además, por cierto, de nuestra cercanía a un sector de alta contingencia.

¿Es cierto que los Gobiernos locales pueden hacer poco en  estos escenarios, pero hubo alguna presencia municipal en esa coyuntura?

De partida las primeras semanas la presencia municipal no existía. Ni de los dispositivos municipales, menos de los de seguridad ciudadana. Aunque también hay que decir que  quizás, hubiese sido contraproducente, porque había una rabia muy acumulada contra todo lo que representaba el Gobierno y el Estado en general. En el minuto y en medio del caos uno echó de menos al Municipio pero, mirado en retrospectiva, ahora creo que podría haber sido para peor.

En tus redes sociales demuestras, a diario, un cierto deterioro en materia de sensación de seguridad y aumento de delitos. ¿Ello tiene que ver con el estallido social o es la continuación de un fenómeno anterior?

Si, viene desde antes. Vengo estudiando estos fenómenos, hay un abandono del enfoque de seguridad ciudadana y comunitaria en los barrios, predomina una mirada tradicional de la seguridad pública y del orden público. Esa típica tríada: Policía, Tribunales y Cárcel es la que ha predominado durante esta administración de Sebastián Piñera , la primera administración fue un mix, pero en esta no hay planificación de la seguridad, tampoco existe control civil sobre la policía (que siempre ha sido insuficiente, pero que ahora se ha marcado mucho más) y se ha abordado el enfoque a la seguridad desde  mucho efectismo.

Yo he hablado de un modelo de impulsos efectistas, donde el simulacro nos acompaña, donde parece ser que se hacen cosas, pero en realidad no se hacen muchas. En eso tienes varios ejemplos, el abuso del recurso tecnológico, como la proliferación de cámaras en nuestras calles y su estudiado bajo impacto, la no planificación, escasos recursos para el enfoque local, no abordaje de multicausas de fenómenos de delitos, violencias, desórdenes e incivilidades, incremento y extensión de economías ilegales como narcotráfico, trata de personas y de armas, sobre valoración de la respuesta individual y privada, escasa prevención, entre otros. 

¿No son tan efectivas?

Hay todo un impulso efectista  y digamos también de un negocio por instalar cámaras por todos lados, cuestión que ha sido estudiada hace años y con resultados más bien mediocres o malos. En unos lugares funcionan, como en sectores de alta aglomeración, y en otros no y requieren de una gestión de la imagen importante. Pero claro, la primera percepción de los vecinos respecto a ellas es positiva, pero después se dan cuenta que no disuaden, no mejora la disposición de los dispositivos de seguridad municipal  o de carabineros, en definitiva, el abandono de muchos barrios de la Región Metropolitana se mantiene a pesar de la presencia de dispositivos tecnológicos como las cámaras.

En el mundo el uso de las cámaras tampoco es muy diferente y se viene estudiando hace años.  Las plataformas digitales y las cientos de cámaras en las calles permiten resolver, en el caso de Londres por ejemplo, un 3% de los fenómenos delictivos que se cometen en espacios televigilados.

Hablas de una diferencia entre la primera y segunda administración de Piñeraen el ámbito de la seguridad…

Si. Chile, junto a Costa Rica y Uruguay, con todos nuestros problemas, fuimos ejemplo del abordaje de la seguridad ciudadana desde los territorios, con un enfoque local y de abordaje integral y esto desde principios de la década del 2000, incluyendo el primer Gobierno de Sebastian Piñera. Lamentablemente la política de Estado en seguridad se abandonó, hubo privilegio al efectismo y a atender unidimensionalmente los problemas de percepción en la materia y poco a sus causas y dimensiones. Yo diría que hoy cada uno se rasguña como puede y tiene,  para que nadie reclame, camarita por allá y por acá, pero todo con poco sentido y sin estrategia y menos plan y eso profundiza el cuadro actual y avanzado de desafección con las personas, que es en definitiva a donde debemos apuntar: mejorar calidad de vida y búsqueda del bien común.

¿El Municipio de Providencia, entonces se las arregla como puede, como el resto de los municipios del país?

De partida, se eliminaron, evadieron o minimizaron  los planes de seguridad ciudadana con acento en la comunidad  y la convivencia, no hay un Plan Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, por tanto no hay evaluación, indicadores para medir la politica pública en la materia, etc., entonces, cada comuna hace lo que puede con lo que tiene y eso profundiza las desigualdades territoriales. Y el Gobierno entrega mínimos instrumentos y normalmente son cámaras. Pero ¿quién hace la gestión de la imagen? ¿Cuál es el grado de efectividad de ellas? ¿Cuáles son los resultados? ¿Cómo se vincula con las prioridades territoriales? ¿Cómo abordamos la crisis de confianza y la escasa denuncia? Nadie se pregunta eso porque lo importante es el impulso efectista y el negocio.

Los municipios, algunos con más recursos como Providencia, otro con menos, hacen lo que pueden. Y eso que con el tiempo se han modificado las leyes para que los municipios tengan  atribuciones y por tanto además más responsabilidad en materia de seguridad ciudadana y convivencia, pero al parecer para el Estado las prioridades son otras.El problema está que este abandono del Estado al abordar integralmente la seguridad, inseguridad y convivencia nos significará deterioros estructurales y particularmente otros tipos de fenómenos de criminalidad mas compleja y de mayor violencia.

Providencia ha optado por tercerizar el servicio de seguridad ciudadana, incluso disminuyendo los costos y cargárselos a los vecinos, haciendo que cada uno pague su kit de alarmas, por ejemplo

Eso es porque el enfoque de “la mano dura” va acompañado por la privatización, del negocio de la seguridad. En ese contexto se debe entender la venta de los kit de alarmas a cada vivienda y la contratación de SOSAFE, por ejemplo. Todo eso responde a un marco social, estratégico y táctico donde predomina lo individual. El mensaje es Ud. haga lo que pueda, nosotros le proveemos de patrullaje preventivo, alguna charla por acá y por allá, un par de cámaras,  pero no hay mucho más.

Hay vecinos en Providencia que tienen los recursos para financiar los Kit de alarmas que señalas, pero el mensaje para la mayoría, la semiótica y polisemia que subyace,  es que quien tiene recursos es atendido en desmedro de los otros vecinos.

Es lamentable, las alarmas comunitarias son un herramienta efectiva..

Te doy el ejemplo de La Cisterna, ahí tienen un total de 33 mil viviendas, 25 mil de ellas cuentan con algún sistema de alarma comunitaria, tanto en viviendas residenciales como de comercio. Quien provee esas alarmas es el Estado a través de fondos gubernamentales o regionales, junto a recursos municipales. Esas alarmas no sólo es la instalación de un dispositivo sino además se genera comunidad, para que los vecinos se organicen, se busca eficacia colectiva para obtener mayor seguridad y mejorar la convivencia y luego se trabaja en atender fenómenos de violencias, desordenes e incivilidades y se coordina con otros actores de la seguridad, por ejemplo las policías, para abordar delitos y criminalidad.

¿Oscar como vecino, para cerrar, en qué dirección crees que habría que avanzar para mejorar nuestra comuna?

Creo que mantener el sentido de comunidad, con todas sus ventajas y dificultades; no es sólo tarea de los vecinos sino también de los otros actores, en particular de la Municipalidad . Que no por demandar mejores servicios  nos vean como vecinos complicados o como un barrio complejo. Es cierto que podemos reclamar mucho, pero también somos vecinos que trabajamos bastante en una lógica de comunidad y corresponsabilidad. Acá hay mucha participación, vida de barrio y apropiación del espacio público, pero para el Municipio ese enfoque no es una prioridad ni lo ven como una oportunidad, tan sencillo como eso.

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